Nueva fuente de problemas para la banca: Las obligaciones subordinadas convertibles

Nueva fuente de problemas para la banca: Las obligaciones subordinadas convertibles

Los productos financieros en los últimos años han experimentado un cambio sustancial debido a la oferta de instrumentos financieros cada vez más complejos a la clientela de red de sucursal. Esta querencia hacia lo complejo afecta también al análisis de la información y conocimientos necesarios a la hora de tomar una decisión de inversión.

Tradicionalmente la banca no comercializaba este tipo de productos complejos (estructurados, derivados, participaciones preferentes, swaps, bonos convertibles obligatorios; auto-cancelables, etc.) a través de sus sucursales. Al negocio tradicional de captación de depósitos y emisión de créditos y préstamos o incluso el de intermediación en el mercado secundario de acciones, se ha incorporado la venta masiva de productos de ingeniería financiera.

Pues bien, las obligaciones subordinadas convertibles son emisiones de mercado primario, instrumentos muy complejos pues incorporan multitud de contingencias que afectan al cobro de intereses, conversión voluntaria a solicitud del inversor, conversión obligatoria en determinadas circunstancias antes de su vencimiento final y conversión obligatoria a vencimiento en títulos del emisor.

Son conocidos popularmente como CoCos (Contingent Convertible Bonds). Éstos comparten muchas de las características y riesgos asociadas a otro producto complejo, las participaciones preferentes, cuya comercialización ha sido también muy cuestionada. Como las preferentes son híbridos de capital con intereses contingentes (condicionados) a que se den una serie de circunstancias relacionados con la solvencia y beneficios del emisor. Según la normativa bancaria internacional (Basilea II y III de 2004 y 2010) constituyen recursos propios básicos de primera categoría (Tier 1) para las entidades financieras emisoras y al igual que las preferentes, que se utilizaron para reforzar el nivel de recurso propios de las entidades.

A finales de 2009 y especialmente a partir de 2011, nuevamente se recurre al canal minorista para la captación de recursos propios. Con el mercado de preferentes saturado las entidades se encuentran con un mercado mayorista que rechaza este tipo de riesgo del sector financiero español. Es entonces cuando se recurre a este producto y al canal minorista de red de sucursal para reforzar capital, a pesar de la dificultad que entraña valorar estas emisiones incluso para clientes profesionales. Estos productos son absolutamente contraindicados para inversores que no sean expertos en materia de inversión (y derivados) debido a la dificultad que entraña valorar la cantidad de contingencias que pueden darse durante la vida del producto y que condicionan su resultado económico.

Varias han sido las entidades que han colocado este producto, tales como: Banco de Popular que realizó una emisión de 251 millones de euros, Banco de Sabadell de 251 millones, Valores Santander de 7.000 millones de euros, y la de BMN dirigida a clientes profesionales, que en algunos casos fue colocada a clientes minoristas, entre otras.

Sobre caso del Banco Popular se ha pronunciado recientemente el Tribunal Supremo en Sentencia de 17 de junio de 2016 apuntando que: “El propio art. 79 bis 8 a) LMV parte de dicha diferenciación y considera los bonos necesariamente convertibles en acciones como productos complejos (…) Pero es que además, si tenemos en cuenta, que los bonos necesariamente convertibles en acciones del Banco Popular son un producto financiero mediante el cual y, a través de distintas etapas, hasta llegar a la conversión en acciones ordinarias de esa misma entidad, el banco se recapitaliza, siendo su principal característica que al inicio otorgan un interés fijo, mientras dura el bono, pero después, cuando el inversor se convierte en accionista del banco, la aportación adquiere las características de una inversión de renta variable, con el consiguiente riesgo de pérdida del capital invertido; es claro que se trata de un producto no solo complejo, sino también arriesgado.

Lo que obliga a la entidad financiera que los comercializa a suministrar al inversor minorista una información especialmente cuidadosa, de manera que le quede claro que, a pesar de que en un primer momento su aportación de dinero tiene similitud con un depósito remunerado a tipo fijo, a la postre implica la adquisición obligatoria del capital del banco y, por tanto, puede suponer la pérdida de la inversión.” Este producto funciona inicialmente con unas determinadas características que varían posteriormente cuando se convierten en renta variable, siendo la conversión a un tipo ya determinado, no estando el inversor protegido contra bajadas de la cotización de la acción. Esto ocurre con los Bonos del Banco Popular, Banco Pastor, Sabadell y Banco de Santander con sus conocidos Valores Santander.

Los CoCos del Sabadell vencieron en julio de, con una pérdida muy considerable para los inversores. Es un caso exacto a los CoCos del Banco de Popular que vencieron en noviembre 2015. No podemos olvidar que este producto no es de renta fija, son productos híbridos muy complejos que conllevan un riesgo elevado de pérdida del capital invertido, no son productos seguros y carentes de riesgo, tal y como apuntábamos inicialmente. Banco Sabadell los presentó al mercado como un producto de alta rentabilidad, garantizando, además, un rendimiento del Euribor más el 5%, más capital principal.

La condición era que la acción cotizara al vencimiento a 4,18 euros. La conversión, antes mencionada, ha supuesto una pérdida para los inversores de más del 60% del capital principal. Sabadell tuvo que informar a sus clientes de las probabilidades de que la cotización de la acción duplicara o triplicara su valor en un período de tiempo no superior a cuatro años. Objetivo muy ambicioso y difícil de lograr, puesto que la evolución desde de febrero de 2007, que cotizó a 6,23 euros aproximadamente, hasta el día de suscripción, no superaba los dos euros aproximadamente.

Por último, debemos hacer una breve mención a los Valores Santander, cuya acción de nulidad caduca en octubre de 2016, dato a tener en cuenta para todos aquellos que tengan este producto. Son instrumentos financieros altamente sofisticados, singulares y complejos. Emitido en octubre de 2007, con un plazo máximo de cinco años, con el fin de sufragar la compra por Banco de Santander de una parte del banco holandés ABN Amro.

El producto venció definitivamente el 4 de octubre de 2012, convirtiéndose obligatoriamente el bono en acciones. En estos supuestos el cliente no contrataba un bono simple de renta fija con un 7,5% de interés TAE fijo y después un Euribor + 2,75%, como reflejaba la publicidad del producto, lo que realmente suscribía era un bono estructurado de renta variable sin principal garantizado, que obligaba al cliente, en caso de no haber sido convertido antes de forma voluntaria en cada una de las opciones anuales que tenía, en el momento del vencimiento a convertir en acciones del Banco de Santander el montante invertido. Así, el cliente estaba asumiendo el riesgo de invertir en Banco de Santander pero con el inconveniente de no poder vender en cualquier momento y sin conocer la asunción del mismo.

Lo que ocurrió en el momento del canje, es que colocaron al cliente unas acciones a un precio infinitamente superior al de mercado, puesto que de acuerdo a las condiciones iniciales de la emisión el precio de entrega quedaba fijado en septiembre del 2007, lo que traería como consecuencia una pérdida importante del principal invertido. Las Audiencias Provinciales se han pronunciado en relación a esta cuestión considerando el producto complejo de renta variable y naturaleza híbrida, tal y como apunta la SAP Oviedo Sección nº 6, nº 108/2015 de 26 de abril de 2015 o la SAP Madrid, Sección 9ª, nº 322/2015 de 10 de julio de 2015, entre otras.

La comercialización de este producto ha sido muy irregular infringiendo no sólo la LMV, sino también sus propios manuales de actuación. La entidad, que según su Manual de Procedimientos califica a los productos por colores, calificó a este producto como amarillo cuando según sus propias reglas debió ser calificado como rojo. Además, en la mayoría de los casos, las órdenes de compra son de fecha anterior a la publicación del folleto oficial del instrumento que fue inscrito en octubre de 2007, por lo que no pudo ser entregado al cliente.

En definitiva, manifiestos incumplimientos de las obligaciones de información que ostentaba Banco de Santander, que actuó en interés propio incumpliendo el principio de mejor ejecución y que diversas Sentencias de Audiencias Provinciales han reconocido (SAP Asturias, Sección 7ª, nº 72/2015 de 27 de febrero, SAP Barcelona, Sección 13ª, nº 177/2015 de 28 de mayo, SAP Pontevedra, Sección 6ªm nº 333/2015 de 7 de julio, entre otras.)

Sacristán&Rivas Abogados considera que ante las carencias de información en la comercialización de productos financieros complejos, evidenciadas en los últimos años en multitud de Sentencias de nuestro Tribunal Supremo, deben los clientes bancarios revisar las posiciones tomadas en este tipo de productos y acudir cuanto antes a expertos cualificados para valorar sus posibilidades de defensa, y para que, previo estudio de las circunstancias y antecedentes de la inversión, puedan plantearse la reclamación, estando este Despacho a su disposición a tales efectos.

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