La política de los peces de colores

La política de los peces de colores

Como los peces de colores en un estanque dicen que traen mala suerte, las críticas con ideales de objetividad suscitan interpretaciones erróneas.

Por María Aguirre Aldereguía, abogada fiscalista de DBT Abogados 

opinion1La crítica a un sistema de políticas tributarias -como las recientemente adoptadas en España-, cuando se limita a señalar las carencias de tales medidas o el hartazgo de quienes las padecen, no pretende un posicionamiento ideológico, sino incidir sobre los errores cometidos con la sana intención de intentar mejorar el sistema.

Quien con su lectura establece paralelismos con determinados movimientos políticos o asimetrías respecto a otros, sólo reafirma la pésima formación en valores y conocimiento que sufre la sociedad española en los últimos años, carencia que con el paso del tiempo agrava sus consecuencias y nos acerca al analfabetismo funcional.

Las promesas contenidas en los programas políticos, en las campañas electorales, en las luchas de poder y en los populismos efervescentes no son más que promesas vanas, de fácil olvido. En el ejercicio del poder ejecutivo, la potestad legislativa y en el respeto de la independencia del poder judicial se reflejan los intereses y la valía reales de nuestros políticos.

Al poder judicial lo saturan con sus escándalos, tanto los que pertenecen al partido gobernante, como la mayoría parlamentaria en la oposición y las minorías exultantes. Dejando para otro momento el análisis sobre su independencia, habrá que incidir en el Respeto: a la legalidad a la que estamos sometidos todos y cada uno de los habitantes del Estado español y al proceder en la labor que corresponde a los jueces.

En el ejercicio del poder ejecutivo, todos ellos, con independencia del color de su panfleto, relegan al rincón del olvido las necesidades reales y objetivas para conseguir que esta España agónica salga del umbral de la quiebra sin hipotecar el futuro de demasiadas generaciones. Exceso de empresas públicas sin gestión ni control como mal necesario para colocar y recolocar a los favorecidos o a los favorables, exceso de asesores, técnicos y cargos públicos que, entre todos, no suplen la falta de conocimiento y preparación de quienes nos gobiernan ni de quienes pretenden gobernar.

Y en el ejercicio del poder legislativo, se dictan normas sin dejar secar la tinta de las anteriores, sin analizar las consecuencias de su aplicación a largo plazo, sin entender lo que se redacta ni cuidar el lenguaje que se utiliza, sólo atendiendo a modas, intención de voto o como medio de aplacar las voces de grupos parlamentarios que al dar su apoyo en la votación justificarán su existencia y sus sueldos.

En definitiva, tantos años de intereses partidistas y personales han generado una sociedad que interpreta el análisis técnico de determinadas medidas tributarias como un posicionamiento ideológico. Y nuestros políticos, causa y fiel reflejo de esta sociedad, en lugar de entender y en lo posible enmendar, como los peces de colores seguirán dando vueltas en el estanque,  enturbiando las aguas.

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