La Ley de Prevención de Riesgos Laborales cumple 20 años

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales cumple 20 años

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), mientras que otras leyes cambian al ritmo de las turbulencias políticas, cumple en estos días 20 años desde su publicación. Esta Ley y su normativa de desarrollo posterior, nos han situado como país puntero, desde el punto de vista regulatorio, en materia de prevención de riesgos laborales.

Durante estos años ha sido un marco legal estable que ha permitido mejorar en general y de forma importante las condiciones de trabajo y la seguridad y salud de los trabajadores. De todas formas, a la hora de observar la eficacia y el rigor de su aplicación, aún podemos observar que todavía existe una cierta falta de concienciación sobre la importancia de su cumplimiento y objetivos.

Aunque se reduzcan año a año las cifras de siniestralidad laboral, todavía nos queda mucho camino por recorrer dentro del ámbito de la PRL. La existencia aún de accidentes mortales o graves supone en sí mismo un fracaso del sistema imperdonable. Y en muchos aspectos aún estamos lejos de los indicadores de los países de nuestro entorno con los que competimos, pese a que nuestro marco legal sea de los más avanzados en esta materia.

Durante los 20 años de vigencia de la Ley, se ha podido comprobar la importante incapacidad del sector y de las administraciones para trasladar de manera efectiva el valor de la actividad de prevención a las empresas y a la sociedad en general. La aplicación de la LPRL tiene aún, en consecuencia, mucho recorrido de mejora, pero para ello deben ordenarse algunas reglas de juego del sector y el papel de algunos actores que lo forman.

El importante retorno económico y social que aporta la ausencia de accidentes y enfermedades profesionales ha formado parte sin duda de la visión estratégica de las administraciones públicas y de la cultura de los profesionales del sector y de las grandes empresas, pero ha calado muy poco en las pequeñas y medianas empresas que son las mayoritarias en este país. Esa falta de percepción de valor, junto con la incidencia de la crisis y, sobre todo, de unas erróneas prácticas de competencia entre los operadores del sector de la prevención, ha derivado en los últimos años en la desaparición de más de 500 servicios de prevención ajenos y en una precaria capitalización de la mayoría de operadores que sobreviven, enfrentados en los próximos 2 o 3 años a una imprescindible reestructuración.

En este contexto, el inicio efectivo de la mencionada y necesaria restructuración del sector se ha dado con la venta de las Sociedades de Prevención por parte de las respectivas Mutuas. La desvinculación del sector de la influencia viciada de las Mutuas y la entrada de nuevo capital privado en el 65 % del mismo, remueve las reglas de juego del sector de una forma definitiva.

La concentración y profesionalización del sector continuará, y con ello la capacidad de sus operadores de innovar, mejorar y ampliar sus servicios. En definitiva, de  garantizar la dignificación de la actividad de los servicios de prevención ajenos que se había perdido en los últimos años, y por tanto, de seguir dando recorrido a nuestra LPRL y a la consecución de sus objetivos.

Desde el Sector de la prevención, nos enfrentamos a un reto con notables incertidumbres y no exento de dificultades. Pero al mismo tiempo es una oportunidad apasionante para cimentar de nuevo un Sector cuya razón de ser está en la seguridad y salud de los trabajadores, de sus empresas y de la sociedad. Desde nuestra responsabilidad en Unipresalud seguiremos esforzándonos por conseguirlo.

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