En el Código Civil catalán, la viuda o viudo tiene derechos pero no la legítima

En el Código Civil catalán, la viuda o viudo tiene derechos pero no la legítima

Hace unas semanas, en una sala de espera, dos señoras de avanzada edad me sorprendieron cuando, hojeando las revistas de prensa rosa, empezaron a debatir sobre los derechos sucesorios de la pareja de cierto personaje nacional de la prensa del corazón. Como oyente involuntaria de la conversación, sentí curiosidad cuando una de las interlocutoras habló del tercio de mejora y del tercio de libre disposición en relación a los derechos que la viuda podía exigir legalmente en caso de ser excluida o recibir una atribución insuficiente en el testamento de su cónyuge.

La señora conocía la existencia de estas figuras, no su concepción jurídica real, pero me pareció imprudente interrumpir la conversación. En cualquier caso me motivó mentalmente a empezar a escribir este artículo con el propósito de informar a las personas que, como mi compañera de sala de espera, puedan estar interesadas en conocer los derechos sucesorios del viudo excluido o con atribuciones insuficientes.

La vecindad civil determina la sucesión

El primer dato a tener en consideración a la hora de determinar estos derechos es la vecindad civil del causante o fallecido en el momento de su muerte. Esta determinación no es caprichosa en tanto que determinará qué legislación se deberá aplicar a la sucesión y, en consecuencia, los derechos sucesorios del cónyuge viudo. En este sentido se debe tener en consideración que dentro del Estado Español hay Comunidades Autónomas que tienen legislación sucesoria propia, como es el caso de Cataluña, País Vasco, Baleares o Aragón, por ejemplo. En el resto se aplicará el código civil estatal.

Si la persona ha residido 10 años o más en Cataluña, por ejemplo, tendrá vecindad civil catalana. Si el plazo de residencia ha sido inferior a 10 años pero superior a 2 años, deberíamos comprobar si el causante realizó o no manifestación de adquisición de vecindad civil.

Resuelta la vecindad vemos las principales diferencias entre estos códigos. En el derecho sucesorio estatal, el cónyuge viudo es legítimo, es decir que pese a que el cónyuge premuerto no le haya atribuido ningún derecho testamentariamente o la atribución resulte insuficiente, podrá reclamar la legítima.

Los derechos legitimarios que el código civil estatal reserva al viudo o viuda no son derechos en plena propiedad sino en usufructo con un contenido y una extensión que varían dependiendo de las personas con quien concurra a la sucesión. El derecho estatal divide la herencia en tres tercios: el tercio de la legítima estricta, el de la mejora y el de la libre disposición; este último, como su propio nombre indica, puede ser objeto de disposición de forma absolutamente libre para el causante.

Así, si el cónyuge viudo concurre a la sucesión con los hijos y descendientes del causante, el derecho de usufructo del cónyuge recaerá sobre el llamado tercio de mejora. En defecto de descendientes, pero concurriendo con ascendentes, el derecho de usufructo será de la mitad de la herencia y, finalmente, en defecto de descendentes i ascendentes, será el derecho de usufructo de dos tercios de la herencia.

En Cataluña, en cambio, el cónyuge viudo no es legítimo, y los derechos del viudo o viuda son mucho más limitados que en el derecho estatal. El código civil catalán reserva al cónyuge viudo el nombrado “año de lloro o de viudedad” regulado en el libro de familia. Este derecho le permite el uso de la vivienda familiar y ser alimentado a cargo del patrimonio del cónyuge premuerto, pero únicamente de forma temporal: durante el año siguiente a la muerte del causante.

El código civil catalán también regula la cuarta vidual, que permite al cónyuge viudo que, con sus bienes propios juntamente con todos aquellos que le puedan haber atribuido a la liquidación del régimen económico matrimonial y a la herencia del cónyuge premuerto, no tenga recursos suficientes para atender sus necesidades, reclamar hasta una cuarta parte como máximo del activo hereditario líquido del causante siguiendo las reglas de cálculo legalmente preestablecidas. Es de hecho un derecho que depende de las circunstancias del cónyuge acreedor y, por lo tanto, en muchos casos su reclamación no procede.

Reflexionando sobre los escasos derechos que tienen reservados en Cataluña los cónyuges viudos, y la confusión que puede crear la existencia de diferentes regímenes sucesorios, soy consciente que algunas personas pueden originar o sufrir, por desconocimiento, situaciones no deseadas.

En la sala de espera las señoras interrumpieron la conversación cuando les tocó su turno. Yo ya tenía el guión de mi artículo hecho y la determinación de informar y aconsejar una vez más en la importancia de un asesoramiento legal que garantice el destino mortis causa de nuestro patrimonio y la situación en la cual quedarán nuestros seres queridos en aquellos momentos en que por las leyes de la naturaleza ya no podamos intervenir.

Artículo escrito por Mar Escutia, abogada del Servicio Jurídico de la Cámara de la Propiedad Urbana de Barcelona

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